Mi madre nunca me ha llegado a decir lo importante que yo soy o puedo ser.
Ni cuando era pequeño, ni ahora que ya soy grande me dice esas cosas.
En realidad, creo que si mi madre algún día me dijese lo importante que soy, o lo importante que pueda ser, me moriría de verguenza.
Creo que sería de esas situaciones en las que te encuentras, que te hacen estar incómodo. Como cuando una chica que no debería, te dice lo hermoso que eres. O cuando tu pseudo-rollete te dice que te quiere, cuando en realidad lo único que tú quieres es atravesarla con carne.
Cuando tenía más o menos 23 o 24 años, descubrí que para ser insignificante, solo hay que querer serlo.
Yo no soy menos importante que el presidente de una nación. Pero tampoco soy más importante que un pequeño que pasa hambre.
La línea que separa la insignificancia de la importancia es tan delgada, que si te descuidas no sabes qué eres para los demas.
Es tan simple esa línea, que según quien te mire, resultarás importante o insignificante en la misma medida.
Quizá nadie entienda como son mis pensamientos. Pero yo tengo muy claro que no querría ser nunca el perro o el caballo de nadie, por muy bien que me tratasen o por mucho que gritasen a los 4 vientos la amistad que me profesan.
Desde el momento en que ese alguien esté por encima de mí, o tenga poder sobre mí, esa supuesta amistad pasa a ser condicionada.
Al caballo lo montas, y al perro lo utilizas. De una forma u otra, el humano se aprovecha de la debilidad de aquellos que no tienen sus mismas condiciones.
Del mismo modo, yo no acepto que mis amigos se puedan comparar con un perro o un caballo. Yo quiero a mi lado personas que sean capaces de aceptar y valorar en mis mismas condiciones si lo que yo les ofrezco es digno de llamarse amistad o no.
Quien me lea, puede llegar a pensar que soy incapaz de entender una metáfora. Claro, que si es una persona inteligente, captará la ironía de la metafórica respuesta.
Quien quiera estar a mi lado no puede ser ni comportarse como un perro o un caballo. No quiero que se aprovechen de mi debilidad, y no quiero aprovecharme de la debilidad de quien yo pueda querer.
Desde el momento en que dejas de prestar atención a tu insignificancia pasas a ser importante. Quiérete como quieres que te quieran. No permitas nunca que te quieran en funcion de tu insignificancia.
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ResponderEliminarMe he equivocado de blog, eso era para salva.
ResponderEliminarY aunque no tengo ni puñetera idea de lo que dices, estoy contigo, yo quería decir mas o menos lo que has dicho pero no con tanta clardad. Por mi Rafa, yo acepto como sois todos aunque no comparta a veces vuestra forma de ser, incluyendome a mi mismo.
Os quiero, cachondos.
joder jordi,entonces antes de escribir cuenta hasta diez.
ResponderEliminarPues cuidado con mancillar mi perfecto post. cojones.
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